El motivo de su sufrimiento

Diego Pablo Simeone se inventó un nuevo eslogan para la última campaña publicitaria de su Atlético de Madrid en su visita al Emirates Stadium. Después de que a los pocos minutos del comienzo de la semifinal de la Europa League ante el Arsenal Sime Vrsaljko fuera expulsado, sus diez jugadores se miraron para vencer en un abismo reconocido por algunos de ellos, los que menos dudaron de lo aprendido en todos estos años. Fruto de las circunstancias y aprovechando la coyuntura para competir, el técnico argentino habló por sus semejantes para poner en palabras lo que significa, todavía y siempre, su proyecto: “Este equipo está entrenado para sufrir”. Y así se lo hemos contado, le faltó decir.
La segunda amarilla del lateral croata, como no podía ser de otra manera, marcó todo el contexto emocional y futbolístico de este primer duelo entre rojiblancos y gunners. Hasta ese momento, dentro de los compases en los que tratan de asentarse los roles, los de Simeone comenzaban a dibujar un 4-4-2 en el que Thomas y Saúl parecían moverse más veces de las que se quedaban quietos. Y el plan del Arsenal era meridiano. Con Xhaka y Wilshere abajo, atrayendo la atención de los pivotes madrileños, Welbeck, Ramsey y Özil distraían desde diferentes zonas a la espalda de la medular colchonera. Tienda de camisetas de las Selecciones para el Mundial 2018, de alta calidad y al mejor precio.
Dando todo el espacio a los laterales, Monreal y Bellerin, los de Wenger mostraban su inequívoca naturaleza ofensiva, muy ofensiva, para embotellar y combinar muy juntos y muy arriba, con el centro al área o la pared como recursos más utilizados. El caso es que el Atlético se quedó en inferioridad numérica y se acabaron los espacios a espaldas de ninguna línea; todos fueron apareciendo por delante de los medios colchoneros y en los costados. El Arsenal acumularía un altísimo porcentaje de posesión de balón, una casi garantizada segunda jugada tras cada acometida y mucho tiempo para abrir la lata.
Además, el Atlético se activó para que no surgieran dudas de que se prepararía para resistir. A nivel posicional, sus dos mejores jugadores con balón, los que mejor conectan y juntan a los suyos para transitar, Antoine Griezmann y Thomas Partey, quedaron relegados a zonas exteriores. El ghanés se situó en el lateral derecho y el francés en el costado opuesto de las barricadas rojiblancas. El Arsenal, por su parte, debía manejar un nuevo escenario en el que la superioridad numérica se tradujera en el marcador, una relación que lo convertía en favorito. El Arsenal, sí o sí, estaba obligado a sacar clara ventaja en su ataque posicional.
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Y ahí comenzaron a sacarse lecturas. La primera es que el Atlético fue quien supo extraer todo el zumo a semejante adversidad. De donde quizás no había, en la cercanía con lo extremo, se fue apoyando en un sentimiento que ha recorrido su crecimiento como equipo y su espíritu como proyecto, aquel por el que en cada cruce de eliminatoria europea, ante un equipo superior, necesitaba sentirse inferior para bregar en cada lance. No es de extrañar que Diego Godín completara un partido en los que disfruta más que nadie, el partido en el que menos dudas tuvo de sí mismo en toda la temporada. Había recuperado el cómo.